lunes, 10 de mayo de 2010

Sigue el faenón ...

HUARAZ EN GUERRA

Mutilán manda video desde el más allá. Rey Momo, atascado en río Quilcay, ha visto interrumpido su descanso. Nekhludov escribe desde el lugar de los hechos...


Las evidencias hablan por sí solas: Huaraz entró en guerra. Esta semana, los avances de las trincheras van viento en popa. Casi toda la ciudad está reventada por bombas, pero felizmente las obras de construcción de trincheras están bastante avanzadas, ya casi no hay calles por donde puedan circular vehículos. Eso no importa, lo que impera es protegernos de las bombas y balas que ya nos han reventado a varios ilustres huaracinos.

Las vías de conexión, tanto del norte como del sur, han sido gravemente afectadas; ráfagas de bala y morteros han hecho sumamente peligroso el tránsito por estas vías; las esperanzas de no perder comunicación se centran en la vía al oeste. Se sabe también --por inteligencia recogida por el serenazgo de camuflaje azul del barrio de Independencia--, que se planea una vía de escape secreta. Esta consistiría en la construcción de un túnel transcordillerano hacia el lado este de la ciudad. Pero se cuestiona esta salida debido a que los refugiados llegarían a estar muy cerca de otra ciudad que ya ha sido brutalmente bombardeada y que llevaba el nombre de San Marcos.


La población huaracina está pasando por una etapa de negación total de la realidad, se observa a los huaracinos en estado de letargo, estado hipnótico… estado idiota. El shock de las bombas llegadas desde los recónditos suburbios de las ambiciones enemigas está teniendo efectos traumáticos en la población. Si bien las trincheras están avanzando y se observan banderas izándose junto a bandas de guerra y milicos armados, la población civil ha quedado suspendida en el temor y el silencio. La voz ha sido quebrada, la indignación ha sido vencida y el dolor se ha hecho condición del cotidiano. La identidad ha sido profanada y ya nadie dice nada de verdad, las bombas nos siguen cayendo encima, los huecos imperan en la ciudad… Se sabe que hay dinero para la reconstrucción, pero el trauma, la negación y la subsecuente resignación del huaracino de a pie se ha hecho alma y única realidad a aceptar.

Me gustan las marchas tocadas por las bandas de guerra, pero no me gusta el silencio que se esconde tras este bullicio.