martes, 26 de julio de 2011

¿Cabrá esperar una opinión más…?

ARQUITECTURA SIN ARQUITECTURA

De los Anales del IV Encuentro Internacional de Anarquistas (París, Gallimard, 2011), llevado a cabo en el mes de enero de 2010 en nuestra ¿ciudad?, extraemos este texto del ilustrísimo Nekhludov, acompañado por una extraña fotografía de eminentísimo artista nicrupampino Pablo Queshi Picachu.



¿Cómo hablar con decencia y condescendencia de la arquitectura de Huaraz, si esta simple y llanamente no existe?

Permítanme a mí, un extraño de nombre y ciencia, referirme a la arquitectura que encontré a mi paso por la ciudad de Huaraz. Lo primero que hay que afirmar es que no existe un mínimo de armonía, diseño o esfuerzo. Claro, cada individuo puede tener una idea de lo que implica diseñar una bonita fachada –lo dudo–, pero ya es esperar demasiado que se tenga una idea de conjunto sobre lo que podría ser la fachada de la casa propia con relación a las vecinas, al barrio, al distrito y, finalmente, a la ciudad en su conjunto y a la naturaleza que la rodea.

Digámoslo de una vez: la cuidad de Huaraz es fea. No invita a admirarla, a contemplarla. Y cómo podría ser de otra forma si la improvisación es su decoradora. No existe, en absoluto, una idea de conjunto, de rostro urbano, de figura y fondo. Se aprecian hileras de construcciones, la gran mayoría sin acabar, apiñadas una tras otra, amontonadas, rebalsándose para arriba, pero sin conclusión final.

La arquitectura ha de seguir un orden: primero el diseño y luego la obra. El diseño implica cierta elaboración, el trabajo sobre un concepto, una idea que proponga pero que armonice, una fachada que se resalte a sí misma mientras embellece también a lo que la rodea. Sin embargo, en Huaraz no encontramos más que medias casas, medios pisos inconclusos, medios fierros salientes, medias paredes, medio todo; y abajo, la vereda improvisada, la casa desalineada, el jardín distorsionado, el garaje hecho tienda, la tienda ascendida a restaurante y con licencia municipal para colmo.

No hay duda de que el diseño, como labor de arquitectura académica, no ha llegado a esta ciudad. Tal vez alguna vez existió, pero hoy carece de prestigio y actualidad. La calle José Olaya para románticos está bien, pero no para los que desearíamos ver una ciudad lograda en su propio tiempo y no la ciudad anclada en algún pasado remoto.

La arquitectura huaracina no pasa de ser o una casa improvisada a la que innumerables ampliaciones han terminado por desfigurar y gangrenar, o, siendo brutalmente sinceros, un cajón de cartón con ventanas. En todo caso, ambas posibilidades son producto de una falta de conciencia estética, de búsqueda de armonía, concepto, propuesta en el diseño, innovación, renovación, inversión, etc. Es decir, falta de todo. Sobre todo, falta de conocimiento.

¿Qué hacer? Un terremoto no soluciona el problema, después de todo aún no se termina de construir la ciudad que atardeció estropeada. ¿Un asesor extranjero? Considero que los huaracinos no son tan inútiles. ¿Ordenanzas municipales que regulen la arquitectura de las construcciones? Pero vamos… si la alcaldía ni siquiera puede con los huecos de las pistas.

Así pues, estimados huarachos, considero que la solución es que vayan y miren su ciudad, háganlo detenidamente, saquen todo el paisaje circundante y céntrense solo en la urbe. Nada o poco rescatarán de tal visión y esto es ya parte de la opción: nada o tan poco es lo que hay, que cualquier sincero intento por embellecer las fachadas de las calles será una ganancia sí o sí. No queda pues más que intentarlo.